El libro más fresco del autor. Lo he leído más de siete veces y todavía me hace sonreír. Con los años se adquiere experiencia, justo lo que le falta -afortunadamente- a este libro. Sé que a Yebra le avergüenza reeleerlo. Y es ahí, en esa desvergüenza, donde radica su encanto. Pero antes de nada lean el prólogo: es mío”.     

Julio San Martín Gisbert