La obra de arte más espectacular se encuentra en el techo, decorado por Mikel Lejarreta, discípulo de Barceló. Una escalera de tres metros anclada en lo alto y una composición abstracta en tonos azules es lo primero que llama la atención al visitante. Al traspasar la puerta no suena una campanilla -como en las antiguas librerías- sino un cencerro.Entre las piezas más valiosas destaca una primera edición del libro Un castillo y varios castellanos de Fidel Pérez-Mínguez (primer cronista de la villa) o la correspondencia que Miguel Delibes mantuvo con García Yebra. Entre las más curiosas hay que citar una media fanega que en tiempos servía de incubadora, un soplamocos (o chuzo) que los serenos empleaban con los más díscolos o la navaja de afeitar con la que Pedro el peluquero rasuró la barba de Camilo José Cela.

La pieza estrella aparece en el sótano. Se trata de una maqueta de tren que reproduce la estación de ferrocarril de la villa y por la que circulan trenes de distintas épocas. Ha sido diseñada y realizada por Federico Espadas, jefe de maquetas del Museo del Ferrocarril de Madrid. La mesa que la sustenta -una robusta mesa de pino- fue un regalo al museo del carpimtero Carlos de Dompablo.

Alfonso Martín

Revista Entre Pinares

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