Entrevista a Tom Sharpe

Dicen que es una de mis mejores entrevistas. Hace unas semanas, con motivo del fallecimiento de Tom Sharpe, Alsina estuvo comentándola (y alabándola) en el programa La brújula de Onda Cero. Lo que no sabe Alsina es que si salió así de bien fue porque me la tuve que inventar. José Aguilar, el fotógrafo que me acompañó a Llafranc (allí pasaba los inviernos Sharpe), me dijo que sabía inglés y que él  traduciría. Cómo me la jugó. No acertaba a hilar dos frases seguidas. Sólo traducía palabras sueltas. Con ese material tuve que armar la entrevista.

Juzguen ustedes esta pieza de periodismo surrealista (un género que, de momento, no se estudia en las facultades).


TEXTO:TOMÁS GARCÍA YEBRA/ EL SEMANAL, 2 DE JUNIO DE 1996.
 
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En cuanto llega el crudo invierno y la bruma se despereza por las calles de Cambridge, Tom Sharpe hace las maletas, se agarra al brazo de su mujer y viaja a España. Hace cinco años le comentó a Carmen Balcells -agente literario de grandes figuras de las letras- que deseaba un lugar tranquilo y con buen clima donde pasar el invierno. Carmen Balcells le aconsejó la Costa Brava. Sharpe aceptó la sugerencia y Balcells le buscó un hotelito en la localidad de Llafranc, provincia de Girona, rodeado de pinos, calas y preciosos rincones para pasear. Sharpe no necesita más. Ha ganado mucho dinero, pero el dinero -según él- sólo le sirve para “estar despistado todo el día”.
El autor de Wilt (la obra que le hizo famoso en nuestro país) ocupa dos habitaciones de este hotel situado al borde de la playa. Una habitación es para él. La otra para su mujer. “Mi mujer y yo -dice- nos llevamos bien porque no nos vemos. Cuando nos cruzamos por el pasillo nos saludamos y cada uno se dirige a su habitación. Mi mujer es muy correcta. Realmente admiro su paciencia”. Desde la terraza de su habitación (para ser precisos, un minúsculo balcón con una mesa y dos sillas) se abarca la playa, el puerto y unas enormes grúas que acarrean arena de un extremo a otro. “Todos los años, en el mes de Mayo, comtemplo el mismo espectáculo: grúas que transportan arena. La corriente lleva la arena a un lado y las grúas la trasladan al punto de partida. El mar y el hombre, no se cuál de los dos es más cabezota”.
La habitación le resulta muy cómoda. Desconozco el motivo: al abrir la puerta hay que hacer una ligera presión para apartar la
primera pila de libros. Una vez franqueada, nuevas torres de libros surgen por el flanco izquierdo. Libros de todos los tamaños que crecen en sentido vertical y aparecen colocados en difícil equilibrio. Si una columna se vence, el efecto dominó provocaría
el desmoronamiento de todo lo que allí hay impreso. A Sharpe no parece que le importe. Enfrente de los libros está la cama.
Cerca hay un tablero de madera que soporta el ordenador, la impresora, una lámpara y el equipo de música. El escritor introduce una cinta de jazz y ensaya unos pasos de baile con sus enormes zapatos rojos. José Aguilar dispara su cámara como si fuese una metralleta. “Mi mujer no cabe aquí. O cabe mal”, dice entre paso y paso de baile. Alarga las manos, tapa el objetivo y le dice al fotógrafo con voz tenebrosa: “Soy un monstruo”. Se troncha de risa. Cuando se cansa de hacer el ganso, se sienta y pregunta: ¿Se va a inventar la entrevista?

T.G.Y.-¿Por qué lo pregunta?
T.S.-En mis tiempos de reportero, yo siempre me las inventaba.

-Se supone que he venido a Llafranc para charlar con usted.
-Sí, claro, yo también preguntaba y tomaba notas, pero luego me  las inventaba. Es más divertido así. -Le miro a los ojos y le hago unas confesiones, por ver como anda de reflejos:”Señor Sharpe, no me la puedo inventar porque no soy periodista”.”Eso
no importa -replica al instante-, yo tampoco soy escritor. ¿Qué es usted, de la policía?”.
A pesar de sus ventas millonarias, la crítica no le dedica mucho espacio en los suplementos literarios. Le suelen despachar con
unas cuantas líneas. Sharpe dice que en Gran Bretaña sucede algo parecido. “Los críticos de allí me desprecian. Devoran mis novelas con el sano placer de destrozarlas. Yo agradezco el esfuerzo y les invito a tomar una ginebra en mi compañía, porque
cuanto más empeño ponen en su cometido más libros vendo”.

-¿Es verdad que su mujer es el crítico en quien más confía?
Le doy a leer los folios a medida que los escribo. Si sonríe sé que mis lectores se van a desternillar. Si no, le pego con una zapatilla. Mi mujer siempre termina sonriendo. Por eso soy tan buen escritor. Aunque mejores son mis traductores. Por los comentarios que oigo, me consta que las traducciones extranjeras superan mis originales. ¿No es maravilloso?

-Lo es.
-Es más difícil traducir que escribir. La prueba la tiene en la poesía. ¿Cómo traducir a Yeats? Una de las causas por las que
Yeats es el mejor poeta en lengua inglesa es porque no se puede traducir. Pero la narrativa es ota cosa. Y la comedia, que es lo que yo hago, encierra poca dificultad. Se puede traducir y se debe mejorar.

En una de las columnas de libros diviso tres novelas de Agatha Christie. Le pregunto que le parece esta escritora. Me respon-
de que nunca ha leído una novela suya. Comienzo a sospechar que Tom Sharpe se está enfrentando a la conversación con
cierta coña marinera. Anoto mis sospechas en un papel. Sharpe se levanta con rapidez a ver qué he escrito. Como no sabe
castellano se vuelve a sentar. “¿Qué se puede esperar de los escritores y de los periodistas?”, rumia en voz baja, como musitando. Enciende un puro y redondea la frase: “Siempre hay que esperar lo peor…Por curiosidad, ¿qué ha escrito en esa hoja?”.Alza una ceja. No respondo. Alza las dos cejas y espera la siguiente pregunta.

-En su última novela, Lo peor de cada casa , hace una crítica lacerante de los yuppies ingleses y del régimen de
Margaret Thatcher. ¿Tan malo fue para su país el thatcherismo?
-No pudo ser más nefasto. Supuso un paso atrás en el desarrollo social. Creó una desigualdad de clases realmente indignante. Por un lado surgió esa casta de estúpidos aventajados, los yuppies, y por otro ensanchó la población de los desfavorecidos. Era partidaria del éxito individual, del triunfo de la persona, pero en cualquier colectivo hay ciudadanos con menos capacidades y oportunidades que los demás. ¿Qué hay que hacer con ellos? ¿Apartarlos? ¿Humillarlos? Ella lo creyó conveniente y por eso me parece un ser despreciable.

-Timothy Bright, el protagonista de Lo peor de cada casa, es un yuppie estúpido, pero se hace rico.
-La riqueza y la inteligencia no siempre van parejas. Con el régimen de Margaret Thatcher sucedió casi lo contrario. Eso es lo
que he querido reflejar en la novela: Bright es un zombi, producto de una sociedad esquizofrénica que lo encumbra. Cada modelo social, y cada Gobierno, tienen lo que se merecen.

-¿No hubo nada positivo en el régimen de la señora Thatcher?
-Tenía el poder, pero en sus manos era peor que tener una bomba. Ya le digo que fue nefasto. Y en todos los aspectos. Gran
Bretaña, a lo largo de la historia, ha sido un ejemplo de libertad y tolerancia. Ella organizó un aparato represivo que no conocía este pueblo desde hace siglos. El colmo fue lo que ocurrió en Gibraltar. Los militares asesinaron a tres terroristas irlandeses.No llevaban armas. Aún así los liquidaron a sangre fría. Menos mal que esta señora ha desaparecido de la escena política. Su forma de actuar empezaba a recordar a El Salvador y a la Argentina de hace unos años. Si sigue más tiempo en el poder, no sé, a lo mejor hubiera estallado la revolución.

-¿Por qué no la ha retratado en Lo peor de cada casa?
-No es una persona novelable. Yo hago comedia, pero no puedo permitirme la frivolidad de reirme del sida ni de actuaciones
criminales. Y Margaret Thatcher es como el sida: un ser luctuoso. Si llega a vivir Shakespeare, es posible que a él si le hubiese
inspirado.

-Podría haberlo hecho de una forma sarcástica.
-¿Dónde encuentra usted la comicidad o el sarcasmo en lo que estoy contando?

Sharpe ha cambiado de tono. No bromea. Oyéndole hablar de la ex-primer ministro del Gobierno británico, a uno se le viene a la cabeza la imagen de Satanás con el tridente. “Lo peor que le puede ocurrir a una persona -concluye el escritor- es llamarse Margaret Thatcher”.

-¿La corrupción en su país es comparable a lo que ha sucedido en España?
– La corrupción es endémica. No es un brote esporádico que afecte a unos países y sobrevuele por otros. Pero lo que me preocupa no es la corrupción en sí, sino que sea un hecho socilmente aceptado. El ejemplo más palpable lo tenemos en las últimas elecciones celebradas en su país. El pueblo no sancionó al gobierno de Felipe González. Obtuvo muchos votos. Demasiados. Lo que significa que en la escala de valores de los ciudadanos -y no sólo de los españoles- ganar dinero con trampas es un pecado que se perdona. Cuando era joven, si alguien hacía un desfalco en Inglaterra quedaba marcado para toda la vida. Ahora no. Se toma como una debilidad, como una flaqueza más de la carne.

-¿Qué le pareció el triunfo del Partido Popular?
-No conozco ese partido.En realidad no conozco España.Tampoco conozco Cataluña. Ni siquiera conozco el hotel donde vivo. Se lo dije antes: si en algo valoro el dinero es porque me permite estar despistado todo el día.

-Ha dicho que nunca escribirá libros de viajes ni tampoco sobre España. ¿Eso es porque “no ve”?
-En efecto. Prestar atención a la actualidad es un asunto de políticos. Yo no tengo tiempo.

-¿Ni siquiera lee el periódico?
-Nunca.

-¿Tampoco ve la televisión?
-Sí, a veces veo …(dice algo extraño, en clave de jerga, que el políglota José Aguilar interpreta como la carta de ajuste).

-Está usted muy loco.
-¿Loco?…¿Por qué?..Tengo un amigo en Inglaterra que lee cuatro periódicos,escucha la radio, ve todos los noticiarios de televisión. Al final del día hablo con él y compruebo que no se ha enterado de nada.

-¿Se puede prescindir de la actualidad?
-Una cosa es enterarse de lo que ocurre y otra saber lo que ocurre. El amigo que le digo puede contarme con pelos y señales
los acontecimientos del día, pero no tiene ninguna visión personal. No sabe de nada. Es una persona irritantemente inculta.

-¿Una especie de zombi, como Timothy Bright?
-Parecido. Personas que reciben estímulos y no los asimilan.

-¿No se cansa de ser tan ingenioso?
-Todos los días, pero hay otra persona que se cansa más que yo: mi mujer. Lo que ocurre es que no lo exterioriza. Es una persona extremadamente correcta. Más tarde, si lo desea, se la presento.

Thomas Ridley Sharpe, “el novelista más divertido de nuestros días”, en opinión del diario The Times, nació en 1928 y se educó en Cambridge.En 1951 se trasladó a Suráfrica hasta que fue deportado por “actividades antigubernamentales”. Su etapa surafricana quedó reflejada en Reunión tumultuosa(1971), su primera novela. En ella una mujer blanca, de recia estirpe británica asesina a un cocinero negro. El Gobierno intenta tapar el asesinato atribuyendo el crimen a otra persona de menor alcurnia. La búsqueda de esa persona desencadenará una serie de situaciones burlescas. Pero el éxito no llegaría hasta la aparición de Wilt (1976), personaje obstinado en matar a su mujer y que utilizó en otras obras. También podriamos mencionar El temible Blott. La versión televisiva en Gran Bretaña reunió en la pantalla la cantidad récord de más de once millones de telespectadores.

-¿Cómo son los días de Tom Sharpe en Llafranc?
-Monótonos y rutinarios: me levanto pronto, doy un paseo, escribo, tomo el aperitivo, como, duermo la siesta, vuelvo a escribir, doy otro paseo, hablo con personas normales, nunca con escritores o periodistas, ceno y me voy a dormir.

-¿Y su mujer?
-Me vigila.

-¿Qué haría usted sin su mujer?
El escritor me mira complaciente.

-A lo mejor se moriría-sonrío.
-A lo mejor… Por cierto, ¿no me ha preguntado que tomo de aperitivo?

-¿Qué toma usted de aperitivo?
-Una ginebra que fabrican en Menorca. La mejor ginebra que se destila en el mundo. La elaboran de la misma forma que en el  siglo XVIII, cuando la llevaron a esta isla los ingleses. Hay que tomarla con una rodaja de limón.- Sharpe, al finalizar la entrevista, se empeñó en invitarnos a un trago de esta ginebra en el bar del hotel. El camarero nos advirtió que si no la elogiábamos el escritor no nos volvería a hablar.

-¿Por qué los críticos valoran tan poco el humor?
-Porque no se pueden lucir. De los problemas y tragedias humanas cada cual tiene su opinión, pero ¿qué se puede decir del humor? Si lo explicas lo estropeas. Los críticos lo saben y evitan teorizar. Haga la prueba: cuente un chiste y luego intente explicarlo. Resultaría ridículo.

-¿Qué humoristas le gustan?
-La gente de la calle. Sus comportamientos, a poco que indagues suelen ser de lo más disparatados.

-¿El mundo es un disparate?
-(Se queda pensando). Creo que sí… Si no lo fuera me hubiera muerto de hambre.

-Entre los escritores, ¿quiénes son sus preferidos?
-Conrad es de los que más me interesa. Seguramente porque es opuesto a mi.

-¿Agatha Christie?
-Es la segunda vez que me lo pregunta esta mañana. En este tiempo no me ha dado tiempo a leerla.

-¿La monarquía británica se irá a pique en los próximos años?
-Espero que sobreviva. Soy partidario de respetar la historia y las tradiciones civilizadas.

-En una ocasión dijo que Lady Di y el principe Carlos eran dos tontos en apuros.
-¿Deberas lo dije?

-Está en letras de molde.
-Hoy no lo digo. Hoy opino que es peligrosa porque es lista. Él es un principe que tiene que saber desempeñar su papel. Con eso sería suficiente.

-¿Qué tal su apetito?¿Le gusta la comida catalana?
-Aquí suelo comer muchas alubias. El año pasado me hice unos análisis depués de mi estancia en Llafranc. El médico me encontró más entero que nunca y me preguntó por la alimentación que había llevado. Le dije que en España me atiborraba a alubias. Se quedó asombrado, pero me aconsejó que las siguiese tomando.

-¿Ha asistido a alguna corrida de toros?
-Las cornadas deben ser entre iguales. El refinamiento, con sangre por medio, no me produce ningún placer.

-Hay maldades muy refinadas que se producen sin ningún derramamiento de sangre.
-Sí. Y esas me interesan todas.

-Cuando regrese a su país, dentro de unos días,¿qué es lo que más echará de menos de España?
-La alegría. La alegría y la siesta son los mejores inventos de los españoles. Pero no lo propague usted  mucho, no sea que se enteren los ingleses. Aunque da igual. Los ingleses nunca se enteran de nada.

Intento hacerle alguna pregunta más, pero Sharpe me comunica que ya hemos hablado suficiente y que me calle. En esos momentos entra su mujer por la puerta. El escritor le dice que ahora mismo vuelve, que se va un momento con estos dos entrometidos (por nosotros) a tomar una ginebra. “¿Sabes? -mira a su esposa- no conocen la ginebra de Menorca. Claro, ¿qué se puede esperar de dos periodistas?”. Seguidamente nos arropa con su desgalichada humanidad y nos indica la dirección del bar.